Carta de un irracional

Iba caminando por la acera un día rutinario normal, con la cara desecha, los ojos apagados, ojeras pronunciadas, varias tazas de café sin leche encima, con algo de resaca del día anterior, un condón usado en mi bolsillo, el teléfono de una prostituta transgenerista, un cigarrillo Green mentolado entre mis dedos; algo sucios por el trajín del día y metido en un metro que parece no terminar con la multitud de gente que apretujaba mis entrañas y me sacaba de juicio. Hubiera deseado que este día no fuera como mis otros días en la oficina, lo cierto es que las horas de ayer eran las mismas de hoy, y las de mañana serán las mismas.

Por cierto, tengo que comentar que mi gato por fin perdió la virginidad con una gata de mi vecina en el edificio donde habito. Llegué a mi apartamento algo cansado, mi esposa estaba más hermosa que nunca, le noté que se había ido a la peluquería y tenía la casa perfumada con unas cuantas velas, incienso y demás. No soy lo suficientemente estúpido para no darme cuenta de que me tenía una sorpresa, pero estaba tan exhausto que llegué directo a la cama, mi esposa sirvió la comida, esperó a que yo terminara y se recostó conmigo, estaba coqueta, insinuante, con sus pechos al aire sin ningún sostén, un vestido corto, rojo y de tela suave, unos tacones sencillos negros, y una sonrisa encantadora; no lo negaré, le hice el amor a esa mujer por más agotado que estuviera, y sé que lo disfruto porque lo sentí.

A la mañana del día siguiente me levanté de mi lecho con mucha prisa y fui a descargar mis heces fecales en el inodoro reluciendo de limpio, siento haber sido yo el que lo ensució de nuevo; fui de nuevo a la recamara y mi esposa estaba tirada en el frío, estaba ausente, sus ojos tristes, no fluía aire a su alrededor, estaba tan ensimismada, tan libre, decaída...que simplemente me acerqué, estaba muerta. No sé qué pasó aquella noche, no recuerdo absolutamente nada, mi coeficiente intelectual había bajado, porque hasta entonces no entendía un demonio de lo que estaba sucediendo. Luego de meditar por tanto tiempo, lleno de desespero y angustia, agarré el cuerpo escurriendo de sangre, lo eché piadosamente en una bolsa de basura y lo dejé en la calle.

Mientras iba para mi trabajo, de nuevo en el metro, - "si señora, todos los días es así", pensaba que estaba totalmente cuerdo y que no había asesinado a nadie, no sería capaz de matar ni siquiera a la prostituta travesti del otro día, - "Queridos hermanos, venid a dar el diezmo"-, no podría haber sido yo el mísero asqueroso ladrón de vidas, lo era. -" si supiera, mi marido ayer se compró un carro divino"-, Sí lo era, maldita sea la hora en que maté a mi mujer, pues no había sido la primera, ni la única, ya había matado a mi profesor de cálculo avanzado II Nivel,-" crea en dios hermano, él es la salvación"-, estaba terriblemente asqueado por lo que yo era en ese momento, ¿A quién le miento? sigo siendo el mismo desgraciado depravado de siempre, el mismo que conocían mis camaradas del centro, quienes me hacían la vuelta para ir a alucinar un rato si así lo deseaba.

Me iré seguramente a un lugar donde además de desaparecer superficialmente, me esfumaré en el cosmos con el humo entre pulmones, con la inhalación bien agotada, contando un, dos, tres para no terminar de desaparecer, y luego ver mi cigarro como si fuera el quemón del último sueño que tuve cuando miré la luna tal y como la recuerdo, como si existiera algo más que hiciera girar el mundo en las tantas hojas de mis libros sin sentido y con sentido de izquierda a derecha sin retroceder, con la mirada tan fija y tan absorta, con la vida ida por lo que se tiene entre las manos y que se lo lleva al poco tiempo el viento, como si sintiera que hacer el amor es más que un mete y saca, como si la vida fuera tal y como yo la deseaba.

Tal y como yo la deseaba:

Sin desearla, sin codiciarla, sin retenerla,
era toda suya, toda mía, toda de ella,
amaba tanto los libros como el aniquilar,
amaba el humo en mis pulmones,
amaba mis sueños de alucinaciones.

Amaba la libertad.

Por: María Alejandra Forero Contento
Usuaria Biblioteca Pública El Tintal Manuel Zapata Olivella

Biografía: Actualmente tengo 16 años, próxima a cumplir 17 en agosto del actual año, nací en el hospital Pablo VL, II sector. Actualmente estoy terminando mi bachiller académico puesto que estoy en último año (11°); desde joven descubrí mi pasión por la escritura y mi amor por expresarme entre líneas.

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