La prosa ácida de Elfriede Jelinek

A muchos les será familiar el nombre de la película La pianista del director alemán Michael Haneke. Pues bien, esta película está basada en la novela homónima de la escritora austriaca Elfriede Jelinek. Quienes han visto el film recordarán a Erika, la rígida profesora de piano que se enamora de uno de sus estudiantes. La novela nos permite apreciar la vida de Erika quien se encuentra atrapada por la madre y la abuela, ambas ejercen una sofocante protección sobre la niña. Aquí encontramos uno de los rasgos más particulares de la autora: la madre (la abuela) son miserables, terriblemente sofocantes. Siempre encontramos en Jelinek una posición hipercrítica ante la maternidad. Este punto subraya esa faceta del feminismo que odia y aborrece a los hombres: la niña debe estar alejada de esos monstruos que no la dejarán practicar su arte, esos monstruos que la alejarán de la protección materna. Encerrada en ese mundo "femenino" Erika se sentirá protegida y cuando su estudiante le dé la posibilidad de ser libre (el hombre que libera a la mujer) ella explotará, encontrará el punto de quiebre para que su sexualidad se desinhiba con otro ser humano. Las prácticas sexuales de Erika estarán, hasta ese momento, orientadas hacia el voyerismo, a espiar parejas que tienen sexo en un parque, en la más profunda de las noches.

Jelinek no es compasiva con sus personajes, hombres y mujeres resultan insuficientes; cabría preguntarse si Elfriede es feminista. Tal vez el epíteto carezca de importancia, ella es consciente de la miseria a la que se ve sometida la mujer en un mundo machista. Pero los representantes de ese orden no son seres perfectos, son obtusos, se crean su reino a base de humillaciones y ellos resultan más despreciables aún. No sabemos si Elfriede es feminista, pero nos deja muy claras las circunstancias que pueden definir la vida de una mujer: si alguien tiene un destino, se trata de un hombre. Si alguien consigue un destino, se trata de una mujer, nos dice en Las amantes. En el amor la mujer siempre pierde, las mujeres quienes en este sentido serán aquellos seres humanos que se entienden de la manera más tradicional como mujeres, la devota, la esposa ejemplar, la chica que sueña con su príncipe azul. Aunque en sus novelas no todas las mujeres están buscando a su príncipe azul; también hay mujeres fuertes, violentas. Pero aquí sus personajes resultan igualados por su personal visión del ser humano. Jelinek no se lamenta del estado de la humanidad, nos abofetea con su verdad. Es escéptica, es irónica. Creo que me recuerda un poco a Fernando Vallejo y a su visión descarnada de la vida, del amor.

En esencia, el amor es aniquilación, dice en La pianista. El estilo de la autora, quien ganó el Premio Nobel en el 2004, nos recuerda una tierra baldía, un sitio abandonado, habitado por seres demasiado ilusos o demasiado crueles, son víctimas y victimarios y en ocasiones los papeles se intercambian. En Los excluidos tenemos un buen ejemplo de aquello: Rainer, un joven poeta, aburrido de su vida oscilante, mata a su familia de la manera más sangrienta que se pueda imaginar. Una novela que empieza como una larga reflexión sobre el arte termina como la peor de las novelas negras. Para Elfriede no hay límites a la hora de adentrarnos en su prosa ácida, en su mundo de tétricos esplendores.

Cuando le fue otorgado el Premio Nobel de Literatura no asistió a la ceremonia por sufrir agorafobia.

Por Sergio Otoniel Ramos Reyes
Tengo 26 años, Licenciado en educación básica con énfasis en Ciencias Sociales de la Universidad Pedagógica Nacional. He trabajado en distintos proyectos de difusión literaria. Me gusta mucho leer literatura de mujeres, escritos feministas, literatura inglesa y estadounidense.

En BibloRed:
Afiliado. Asisto a la Biblioteca Pública El Tintal Manuel Zapata Olivella.

Jelinek, Elfriede. La pianista (Die Klavierspielerin). Barcelona: Random House Mondadori, 1986.

Imagen tomada de Women Poets