Será divertido

Nunca llegué a pensar que morir con los ojos abiertos podría llegar a afectarme en algo. No es placentero ver a mi esposa y mi hermano satisfacer sus deseos mientras intercalan miradas a este cadáver.

Qué rápido terminaron, o quizá el tiempo de los muertos transcurra diferente al de los vivos.

Los cuerpos de los amantes ya no están en la cama (al parecer aunque no puedo cerrar los ojos si puedo distraerme con mis pensamientos). Ahora, solo escucho murmullos y la hermosa risa de Ana, esa risa estruendosa y un poco ahogada, muy poco femenina pero a la vez tan sensual. Eso es Ana: risa y ojos de cielo. Por un instante siento que La cama se aleja de mí y mi vista va a dar al piso, solo puedo ver los pies descalzos de la que fue mi mujer y los Gucci de mi hermano. ¿Qué irán a hacer ahora conmigo? Puedo escuchar unos pasos que se alejan, alguien ha abierto la puerta y la ha cerrado con fuerza.

De nuevo mi visión empieza a cambiar, es ahora el techo, es ahora el rostro de Ana y sus labios que besan mi frente. Ana me sonríe, sus dedos se deslizan por mi rostro y van hacia mis parpados intentando cerrarlos, pero no puede – sigues haciendo tu voluntad aún después de muerto- me dice malhumorada. Ay mi hermosa Ana, si supieras cuantos planes tenía para los dos ¿Por qué lo hiciste?

Ana pone velas a mi alrededor, a cada vela que enciende sus labios pronuncian palabras invisibles que se elevan con las llamas oscilantes. Empezó su ritual de purificación, uno de los tantos que hacíamos después de los asesinatos y ahora lo hace conmigo. Lamentable, mi alma no siente tranquilidad ni deseos de perdonarla, lo cual, es el objetivo de esta ridícula ceremonia. Unas manos tan ligeras como las de Ana necesitan de fuerza para realizar las marcas en mi cuerpo, noto como aprieta mango del cuchillo y lo desliza en mi torso insensible.

De nuevo el sonido de la puerta, Ana sale corriendo con el cuchillo en las manos y me deja solo. Por un instante dudo de mi estado inerte y mis ojos recorren la habitación, observo las marcas de sangre en la pared y mis dedos ¡puedo observar mis dedos!, mis manos casi verdosas palpan mi rostro y un sabor de podredumbre recorre mi boca.

Me pongo de pie, con dificultad me dirijo hacia la sala. Otro rastro de sangre, no sé si será mío. Avanzo con cautela y tropiezo con el cuerpo de mi hermano tendido en el suelo, su mano sostiene una inmensa bolsa negra. Levanto mis ojos y me hundo en los ojos azules de Ana, mi hermosa Ana -¡no te asustes!- No sé si me escucha, está petrificada.

Ana yace al desplomarse en el suelo, muerte natural quizá. Me dirijo al baño para ver mi reflejo, una tristeza me invade y vuelvo a dudar de mi estado inerte, voy a la sala, levanto los párpados de mi esposa para ver sus ojos y los sujeto con los chinches que hay sobre la mesa, hago lo mismo con los de mi hermano. Me siento frente a ellos y empiezo a comprender que esto se puede tornar divertido.

Por: Angélica María González Jiménez
Promotora de lectura y escritura
Biblioteca Pública La Giralda

Imagen tomada de: www.trazosdetinta.com%252Fcoraline-y-los-lobos-de-la-pared-de-neil-gaiman-y-dave-mckean.php%3B845%3B1220