Cuerda de palabras

Efecto Polaroid

Es la hora crepuscular. Desde mi auto, la gente se ve apresurada, caminan como en una cierta e invisible competencia maratónica. En sus rostros lánguidos se refleja una jornada más de trabajo. Casa, trabajo, salir con la familia los festivos. Sentarse en el sillón. Prender la TV., hasta que el sueño anuncie la hora. Levantarse, trabajar, y así en un ciclo infinito. Este ritual lo he intentado, pero dos divorcios en cinco años concluyeron que no pertenezco a ese mundo. Por esto he optado por trabajar de noche.

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El poeta y los otros

Cuentan que alguna vez en Puerto Malo el maestro Blas Coll; un viejo tipógrafo que vivió a principios del siglo XX, afirmó que “los poetas, y no los académicos son los mineros del idioma”.

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Los laureles del novel

Mientras afuera la gente sigue su vida sin pensar en su derecho a la muerte, García Márquez se va, dejando un gran vacío en el panorama literario. Más allá de haberse erigido como un símbolo patrio, al lado de la bandera y el escudo nacional (su efigie rodeada de mariposas amarillas al lado del cóndor y del canal de Panamá), su ausencia compete a los lectores-escritores o a quienes leen para ver el mundo de un modo más claro y con menos sesgo que el presentado en los medios de comunicación masivos o en las opiniones de quienes siempre creen tener la razón y no aceptan que nadie los contradiga.

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Carta de un irracional

Iba caminando por la acera un día rutinario normal, con la cara desecha, los ojos apagados, ojeras pronunciadas, varias tazas de café sin leche encima, con algo de resaca del día anterior, un condón usado en mi bolsillo, el teléfono de una prostituta transgenerista, un cigarrillo Green mentolado entre mis dedos; algo sucios por el trajín del día y metido en un metro que parece no terminar con la multitud de gente que apretujaba mis entrañas y me sacaba de juicio. Hubiera deseado que este día no fuera como mis otros días en la oficina, lo cierto es que las horas de ayer eran las mismas de hoy, y las de mañana serán las mismas.

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El olvido

Un hombre enmudecido

llora en mis adentros

sus lamentos son todo un pueblo

que como lloviznas me habita.

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