Reina de América: necropolítica, raza y género en el conflicto armado contemporáneo en Colombia

La literatura no puede salvarnos la vida.
Con suerte, servirá para ayudarnos a resistir la derrota”.
Reina de América. Núria Amat.
 
Escribo sobre la novela Reina de América de Núria Amat nueve años después de su publicación. Como Núria, escribo en la distancia, en el exilio autoescogido, que resulta ser la fórmula más cómoda para pensar Colombia.
 
Reina de América es y no es una historia de amor, como es y no es también una novela histórica. Rat y Wilson (sus protagonistas) están sumergidos en el erotismo, el hastío, la diversidad y la quietud del Chocó húmedo; un lugar olvidado por el Estado colombiano, pero que se ha vuelto centro de la ilegalidad de la coca, las masacres, las fumigaciones, la pobreza y los desplazamientos.
 
Para quien no ha ido a Chocó, las descripciones de la novela parecerán parte de un diario de viajes decimonónico: “la selva es un océano de espuma verde ennegrecida. Evito confundir el bosque con el cielo” (p. 36). O al menos, una ficción poética. Yo he estado en Chocó. Conozco la lluvia que no para: “imposible pensar en otra cosa que no sea el terco gotear del agua” (p. 123), que adquiere un sentido más sagrado en una zona donde solo recientemente el agua empieza a lograr la connotación de servicio público. Las sensaciones de abandono, olvido y anacronía se confunden entre la angustia del querer vivir y la resignación ante la inmediatez de la guerra: “esto es la guerra de la guerra, dijo. Sólo hay un modo de comprender esta jodienda” (p. 73); de modo que se impone una convicción fatalista e idealista: “tengo que hacer algo y no sé de qué se trata” (p. 63).
 
La historia se desarrolla en Bahía Negra, un lugar ficticio, caracterizado por la presencia permanente de una naturaleza indómita y atemorizante, un lugar rural y marginal a los productos materiales de las metanarrativas modernas de progreso y civilización. Bahía Negra nos recuerda a Macondo, un espacio remoto desde la perspectiva de una nación centralista pero que resulta un lugar fundacional y representativo, un microcosmos de donde una realidad política y social más amplia puede derivarse. Y si en Macondo hay referencia a un hecho atroz como la masacre de las bananeras, no sorprende que en Bahía Negra también haya una masacre, que podría ser cualquiera de las dieciocho masacres que nombran los poemas de María Mercedes Carranza en El Canto de las Moscas, publicado en 1997. O cualquier otra de las 2.505 masacres que el Grupo de Memoria Histórica [1] estableció como número aproximado para las matanzas masivas ocurridas entre 1982 y 2007.
 
Igual que Bahía Negra es una ficción que se informa de ‘realidad’, Rat se informa de las experiencias personales de Amat. Así, la lectura nos sumerge en una historia personal, íntima, femenina y local, que revela verdades sobre la experiencia de la vida y la muerte en el pacífico colombiano, y por qué no, en Colombia en general.
 
Ésta no es una historia lineal con diálogos complejos entre los personajes. Es un flujo discontinuo, casi a manera de collage, donde se confunden la primera y la segunda persona constantemente. Es una novela vulnerable, de frases cortadas e indecisas que evocan la desesperanza del contexto de la guerra habitual en Colombia: “Nada importa. La noche es corta. Y ya estamos en otro día tan parecido al anterior como distinta es la noche de la espera. Se vive al momento. No se vive. La vida puede romperse en cualquier instante. Se respira con la intensidad propia de perdedores eternos” (p. 59). El objetivo de Núria Amat no es crear una historia pulcra y pulida donde el lenguaje es invisible, sino precisamente cuestionar los alcances del lenguaje, la escritura, la literatura, para dar cuenta del horror, para narrar lo innarrable: la violencia como vida cotidiana.
 
Ahora bien, el tema de la violencia ha creado una nueva demanda y, por tanto, un nuevo mercado para la industria editorial, que incluye desde memorias de exsecuestrados, guerrilleros o paramilitares, hasta crónicas periodísticas o novelas de ficción sobre la imparable guerra en Colombia. Con esta sobreproducción de los últimos años parecería que una novela escrita por una catalana no tiene nada que aportar. Sin embargo, la lectura personal y distante que hace Amat permite leer el conflicto desde la intensidad de sus silencios y el pastiche de sus descripciones y diálogos. Una vez más, la potencia de Reina de América reside en la presentación de las verdades más terribles, como la presencia innegable de la muerte que no es nada si se compara con el dolor de poder vivir tras la muerte.
 
No morir se presenta como el peor castigo porque implica el destierro del desplazamiento. Rat se vuelve una desplazada más, o una migrante, si queremos usar el eufemismo políticamente correcto con el que se ha nombrado la tragedia del desarraigo, el duelo de la supervivencia. Amat no dice nada nuevo, nada que no hayan dicho las investigaciones o los medios, como Rat no vive nada que no haya vivido una campesina chocoana, pero su escritura desde la distancia nos envuelve en una pausa, nos devuelve al “tengo que hacer algo y no sé de qué se trata” porque así como al final Rat “no tenía nada en las manos más que un nombre. Wilson Cervantes. Y un silencio” (p. 237), ¿qué se puede ofrecer que sea más contundente que un silencio?
 
NOTAS:
[1] El grupo de Memoria Histórica fue creado como parte de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (CNRR) por la Ley 975 de 2005, durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez. Hacen parte de este grupo varios intelectuales famosos por sus investigaciones críticas sobre violencia, por las que fueron llamados “violentólogos”. Ahora estos intelectuales de izquierda hacen parte de una iniciativa creada por un gobierno de derecha que nunca reconoció el conflicto e instauró leyes como la de “Justicia y Paz” que promueven la reconciliación y reparación para una guerra que se cree acabada.
 
Por Tania Lizarazo
Usuaria Comunidad de Lectores y Escritores
UC Davis - California, USA
 
Amat, Núria. (2002). Reina de América. Bogotá: Editorial Norma.
 
Imagen tomada de: http://www.mediosanjuan-choco.gov.co/noticias.shtml?apc=Cnxx-1-&x=2819400

3 comments

Una reseña provocativa. por Bertha Lucía Munévar M. (no verificado)
Buena reseña Tania. Siempre por Anónimo (no verificado)
Buen artículo. Quièn lo por Waldivia Ramírez (no verificado)