Cuerda de palabras

Se publicarán textos de buena calidad de los participantes de los cafés literarios y de los talleres de creación. Así, se promoverá la escritura en los usuarios de las bibliotecas y se podrá mostrar los resultados del trabajo realizado en cada taller.

Silencios

Camina, paso a paso, lentamente respira, da otro paso. Mira su entorno, su cabeza pesada, se mueve con lentitud. Sus ojos se espantan, pero siente que no avanza. La calle empedrada, se llena de payasos. Tambores, flautas y silbidos, retumban en su cabeza, un eterno tun, tun, tun, se apodera de su sueño.

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Cantando está mi negra

¡Ah, ah!
Canta la gallina,
Responde el capón,
Mal haya la casa
Donde no hay varón.

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El ogro, la princesa y el príncipe

Grayville es una comarca con historias de ogros, princesas y príncipes; solamente que los príncipes no habitan en extensos feudos coronados de majestuosos palacios sino en estrechos apartaestudios equipados de camas sencillas, modesta mueblería e infaltablemente un computador portátil equipado con full conexión a internet para mantener el vínculo con el resto de la comarca. Nuestros príncipes no inundan sus sentidos con el fruto de la vid y la música de cámara, sino, con cerveza de marcas importadas y estridentes ritmos electrónicos apeados dentro de las micromemorias de cualquiera de los reproductores digitales que ofrece el mercado tecnológico. Nuestra especie de príncipes posmodernistas no lidian sus guerras en el árido campo de batalla armados de espada y escudo, sino, en cúbicas oficinas de imponentes edificios, sus armas son sus títulos universitarios, sus ropas de marca, sus cortes de cabello a la moda y sus modales estudiados e imitados según dicte la tendencia hollywoodense.

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Selección de poemas

Entonces
la puerta se cerró
... al regresar
las guardas
eran otras.

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Será divertido

Nunca llegué a pensar que morir con los ojos abiertos podría llegar a afectarme en algo. No es placentero ver a mi esposa y mi hermano satisfacer sus deseos mientras intercalan miradas a este cadáver.

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Efecto Polaroid

Es la hora crepuscular. Desde mi auto, la gente se ve apresurada, caminan como en una cierta e invisible competencia maratónica. En sus rostros lánguidos se refleja una jornada más de trabajo. Casa, trabajo, salir con la familia los festivos. Sentarse en el sillón. Prender la TV., hasta que el sueño anuncie la hora. Levantarse, trabajar, y así en un ciclo infinito. Este ritual lo he intentado, pero dos divorcios en cinco años concluyeron que no pertenezco a ese mundo. Por esto he optado por trabajar de noche.

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El poeta y los otros

Cuentan que alguna vez en Puerto Malo el maestro Blas Coll; un viejo tipógrafo que vivió a principios del siglo XX, afirmó que “los poetas, y no los académicos son los mineros del idioma”.

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Los laureles del novel

Mientras afuera la gente sigue su vida sin pensar en su derecho a la muerte, García Márquez se va, dejando un gran vacío en el panorama literario. Más allá de haberse erigido como un símbolo patrio, al lado de la bandera y el escudo nacional (su efigie rodeada de mariposas amarillas al lado del cóndor y del canal de Panamá), su ausencia compete a los lectores-escritores o a quienes leen para ver el mundo de un modo más claro y con menos sesgo que el presentado en los medios de comunicación masivos o en las opiniones de quienes siempre creen tener la razón y no aceptan que nadie los contradiga.

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Carta de un irracional

Iba caminando por la acera un día rutinario normal, con la cara desecha, los ojos apagados, ojeras pronunciadas, varias tazas de café sin leche encima, con algo de resaca del día anterior, un condón usado en mi bolsillo, el teléfono de una prostituta transgenerista, un cigarrillo Green mentolado entre mis dedos; algo sucios por el trajín del día y metido en un metro que parece no terminar con la multitud de gente que apretujaba mis entrañas y me sacaba de juicio. Hubiera deseado que este día no fuera como mis otros días en la oficina, lo cierto es que las horas de ayer eran las mismas de hoy, y las de mañana serán las mismas.

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El olvido

Un hombre enmudecido

llora en mis adentros

sus lamentos son todo un pueblo

que como lloviznas me habita.

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