Gabriel García Márquez

Los laureles del novel

Mientras afuera la gente sigue su vida sin pensar en su derecho a la muerte, García Márquez se va, dejando un gran vacío en el panorama literario. Más allá de haberse erigido como un símbolo patrio, al lado de la bandera y el escudo nacional (su efigie rodeada de mariposas amarillas al lado del cóndor y del canal de Panamá), su ausencia compete a los lectores-escritores o a quienes leen para ver el mundo de un modo más claro y con menos sesgo que el presentado en los medios de comunicación masivos o en las opiniones de quienes siempre creen tener la razón y no aceptan que nadie los contradiga.

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Fragmento de Gabo en mi memoria

A finales del año pasado, se publicó en Bogotá el libro Gabo en mi memoria escrito por el poeta colombiano José Luis Díaz-Granados, el cual reúne distintos apartes y experiencias del autor con el Nobel de literatura. Compartimos con ustedes un fragmento del libro (cedido por el autor), que alude a una conversación en la Habana.

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El cumplimiento de una maravillosa amenaza

Ni mi madre ni yo, por supuesto, hubiéramos podido imaginar siquiera que aquel cándido paseo de solo dos días iba a ser tan determinante para mí, que la más larga y diligente de las vidas no me alcanzaría para acabar contarlo.
Vivir para contarla. Gabriel García Márquez.

Quien busque razones o explicaciones que le permitan entender la magia de los sucesos narrados en las novelas y cuentos de Gabriel García Márquez solamente necesita acercarse a sus memorias. En 1982, al enterarse el mundo de que Gabo había recibido el premio Nobel de Literatura, la televisión española lo entrevistó en México y habló sobre lo que significaba aquel premio para él y sobre sus futuros proyectos literarios. En una de las respuestas dice que tiene en mente la escritura de sus memorias para demostrar allí que todo lo que él cuenta en sus novelas, esos hechos fantásticos que han servido de excusa para adjudicarle la marquesina del realismo mágico a toda su obra, que cada una de esas historias parten de un hecho real vivido por él en algún momento de su vida. Para el momento en el que se concede la entrevista aquella idea parece una amenaza propia de uno más de sus libros, una amenaza perteneciente al mundo de lo irreal y de lo imposible.

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Nuestra casa

A todos nos inquieta en algún momento de nuestras vidas —a otros los atormenta toda su existencia— la pregunta por la identidad. Una nación, un pueblo, una casa. ¿De dónde venimos y de dónde viene todo aquello que hemos de vivir? ¿Acaso las fronteras imaginarias son el último límite de la identidad de los hombres en el mundo o es acaso aquella cuna y aquellos brazos que nos mecieron quienes cargan con la semilla de nuestro destino? Ahora que contamos con la certeza de que ya no está un hombre que compartió mucho de lo que nosotros vivimos, porque nació en el mismo país que nosotros, pero que asume ahora la más incuestionable de las presencias: la eternidad, tenemos por fin una respuesta a la caprichosa pregunta sobre nuestra identidad.

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La voz de Macondo

El 10 de diciembre de 1982 en una Suecia festiva, a pesar del frío, Gabriel García Márquez hizo uno de los más emotivos brindis dedicados a la poesía, “la única prueba concreta de la existencia del hombre”. Prueba que cualquiera reconoce a simple vista desde hace centurias pero que muy pocos han podido definir.

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