Fahrenheit 451

Truffaut 451

Cuando empezamos a ver una sucesión de antenas de televisión en varios filtros de colores, en constante zoom-in, para luego ver a unos hombres saltar a la plataforma de un camión rojo con una silla en lo que parece un brazo hidráulico y escuchamos las notas frenéticas del mítico compositor Bernard Herrman, en lo último que pensamos es en el “futuro”. Y cuando digo “pensamos” lo digo por nosotros quienes ya vamos agotando los primeros quince años de este nuevo siglo y que somos testigos de avance tras avance científico y tecnológico en casi todos los campos del conocimiento.

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La lectura es una pregunta incómoda

«Me gustaría sugerir que todo aquel o aquella que lea […] se tome un tiempo para escoger el libro que más le gustaría memorizar y proteger de cualquier censor o “bombero”. Y no solo escogerlo, sino dar las razones de por qué querría memorizarlo y de cuál es el valor por el que debería recitarse y recordarse en el futuro»
Ray Bradbury, 2009.

¿Será Fahrenheit 451 un libro que valga la pena memorizar, recitar y proteger de un futuro que se atreva a censurarlo? Hace apenas dos años falleció su autor, Ray Bradbury, y, sin embargo, en el 2013 se cumplieron sesenta años de la publicación de su más afamada novela, lo que la convierte un clásico de nuestra era, un clásico que está allí para recordarnos el peligro al que están sujetos los libros y los valores como la intelectualidad o la simple curiosidad por el conocimiento.

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